Conocer en lenguaje de los abanicos es una de las cosas más curiosas que he aprendido desde que hemos comenzado a vender estos artículos. Este curioso arte se denomina campiología, y se estudian sus significados en función de su orientación y sus formas de sujetarlo.

Una leyenda sitúa su aparición en torno al siglo VII d.C. y atribuye su invención a un obrero japonés que tuvo la idea de observar las alas de un murciélago; y así confirma esta leyenda el hecho de que los primeros abanicos se llamasen «komori», que en japonés significa murciélago.

Los principales gestos y sus correspondientes significados configuraron lo que se denominó el lenguaje de los abanicos:

  • sostener el abanico con la mano derecha delante del rostro: sígueme

 

 

 

 

 

  • Apoyar el abanicos en los labios: bésame

 

 

 

 

 

  • Abanicarse despacio: estoy casada

 

 

 

 

  • Abanicarse deprisa: estoy prometida

  • Dejarlo deslizar sobre la mejilla: te quiero

 

 

 

 

 

 

 

 

  • Abierto tapando la boca: estoy sola

 

 

 

 

 

 

Estos sólo son algunos de los ejemplos que las mujeres, siempre tan seductoras, descubrieron para poder comunicarse sin ser condenadas por ello. Este complicado código que se desarrolló transmite un tipo de mensaje u otro, y hoy en día son muy pocas las personas que lo conocen. El abanico se ha utilizado mucho a lo largo de la historia y este lenguaje tan bonito es una pena que se haya perdido.

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